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Se necesita apoyo internacional para responder a COVID-19 en países de bajos ingresos

22 de Abril de 2020

Arjan de Haan

Director, Inclusive Economies, IDRC

La crisis de COVID-19 ha paralizado la economía mundial, pero son los trabajadores de los países más pobres del mundo los que se ven particularmente afectados. Entre las primeras víctimas se encontraron las trabajadoras de fábricas en países tales como Bangladesh, que perdieron su fuente de ingresos cuando se cerraron las industrias de exportación; los trabajadores migrantes, que son particularmente vulnerables durante los bloqueos; y los vendedores ambulantes, que han perdido sus medios de vida y, en algunos casos, han sufrido violencia policial.

"Lo que el mundo necesita ahora es solidaridad", dijo el Secretario General de la ONU, António Guterres, el 31 de marzo, haciendo eco de las declaraciones de muchos líderes mundiales. Los países de bajos ingresos necesitarán apoyo internacional para gestionar las respuestas fiscales, pero también para implementar políticas e innovaciones sociales amplias, específicas sensibles al género para abordar la pandemia, apoyar a las poblaciones a través de la crisis y crear condiciones para la recuperación. "Todo lo que hacemos durante y después de la crisis debe enfocarse en construir economías y sociedades más equitativas, inclusivas y sostenibles que sean resistentes a las pandemias, el cambio climático y los otros muchos desafíos globales que enfrentamos," declaró Guterres. 

Los impactos sociales y económicos afectan especialmente a los países de bajos ingresos  

Los países de altos ingresos han respondido a la pandemia de COVID-19 con amplias medidas de salud pública, distanciamiento social y bloqueos. Muchos países han implementado políticas igualmente amplias para abordar los impactos sociales y económicos de la pandemia, en algunos casos con estímulos fiscales planificados de hasta el 15% del producto interno bruto. En Canadá, estas medidas incluyen apoyo directo a individuos y subsidios de crédito y salarios para apoyar a las empresas y evitar despidos.  

Las medidas para bloquear sociedades y economías son un desafío incomparable entre las naciones más ricas, pero los problemas de COVID-19 se ven agravados en países con menos recursos económicos, sistemas de gobierno más débiles y oportunidades limitadas para el distanciamiento social. Además de los desafíos para los sistemas de salud, ya están surgiendo una serie de problemas socioeconómicos.

Las inyecciones fiscales que se producen en los países ricos son mucho más difíciles de movilizar en el Sur Global. Los países africanos en particular tienen recursos fiscales limitados, especialmente dada la recesión económica gradual de los últimos años, el reciente crecimiento de la deuda externa y los inversores internacionales extrayendo recursos de las economías emergentes al comienzo de la crisis de COVID-19. 

El tráfico global y las congelaciones económicas están afectando a los países de bajos ingresos de manera particular, porque dependen en gran medida de los intercambios mundiales. Además de la desaceleración de la industria de exportación, la interrupción del turismo está teniendo efectos significativos, especialmente en los países de África occidental donde la industria del turismo apenas comenzaba a recuperarse desde la crisis del ébola. 

Los países de bajos ingresos también carecen de los fuertes sistemas de protección social que permiten a los países más ricos mitigar los impactos inmediatos en sus poblaciones y mantener y promover la cohesión social. Los esquemas de transferencia de efectivo para apoyar a las poblaciones más pobres han crecido en países de bajos ingresos, pero no a una escala lo suficientemente amplia como para facilitar la respuesta necesaria para los millones de trabajadores que han perdido sus empleos. Además, los esquemas que funcionan en otras condiciones, tales como los programas de trabajo público, ¿serán adecuados en esta crisis?

Los trabajadores informales, los migrantes y las mujeres son los más afectados

Economías enteras se ven afectadas por la crisis de COVID-19, pero diferentes categorías de trabajadores lo sentirán de diferentes maneras. El sector informal constituye una proporción muy grande de la fuerza laboral en los países de bajos ingresos. Estos trabajadores temporales, vendedores independientes y trabajadores de cuidados personales no tienen contratos laborales, no tienen seguridad laboral ni seguro de empleo. Sus fuentes de ingresos simplemente se han agotado, y algunos corren el riesgo de perder su vivienda.

La difícil situación de los trabajadores migrantes de la India ilustra estos impactos de manera extrema. Cuando el Gobierno de la India anunció sus bloqueos de país, cientos de miles de trabajadores migrantes trataron de abandonar las ciudades en trenes llenos de gente o caminando cientos de kilómetros. A medida que los trabajadores se dirigían a las aldeas carentes de la infraestructura para recibirlos, este movimiento de masas planteó enormes riesgos para la propagación de la infección. 

Las crisis a menudo tienen consecuencias a largo plazo para las mujeres. La Organización Mundial de la Salud advirtió recientemente sobre el incremento en riesgo de violencia doméstica, y la investigación respaldada por el programa Crecimiento y Oportunidad Económica de la Mujer muestra que el confinamiento de las mujeres en los hogares, agravado por el creciente número de personas que se enferman, puede aumentar aún más sus responsabilidades de cuidados personales ya de por sí muy exigentes. La congelación económica probablemente agravará las desventajas que enfrentan las mujeres en los mercados laborales porque están demasiado concentradas en trabajos informales y tienen menos acceso a la seguridad social. Estos reveses podrían fácilmente continuar durante los esfuerzos de recuperación después de la crisis inmediata.

Construyendo una base sólida para la recuperación global

El apoyo internacional es fundamental para países con capacidad limitada a las respuestas políticas. Si bien la construcción de cohesión social y el desarrollo de las condiciones para la recuperación dependerán del apoyo de todos los países, las políticas públicas y las soluciones que se implementan deben estar firmemente arraigadas en la evidencia y en la realidad local.  

En el IDRC, creemos que los datos y la evidencia son clave para desarrollar respuestas apropiadas a la pandemia y para construir un futuro mejor. El Centro se está preparando para apoyar a las organizaciones de investigación en el Sur Global para que puedan informar las políticas económicas con enfoques que sean apropiados para el contexto local, y para garantizar que las respuestas aborden las desigualdades y respondan a las necesidades de las mujeres y otros grupos vulnerables.

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