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Los años recientes han sido testigos del gran interés en los métodos participativos como instrumentos para el análisis de la pobreza. Las percepciones que estos enfoques participativos han proporcionado sobre la experiencia de la pobreza han contribuido al establecimiento de una definición multidimensional de la línea principal de pobreza.
Este artículo examina y analiza la bibliografía sobre los métodos participativos en el análisis de la pobreza: cómo han surgido, cómo han sido adoptados en este contexto y los retos que plantean. Significados Revisados: El Concepto de la ParticipaciónTres grandes cambios parecen haber caracterizado el debate sobre la participación. En los años setenta, la "participación popular" fue vista como un componente importante de las estrategias de desarrollo rural y de la satisfacción de necesidades básicas y como tal figuró en las declaraciones programáticas de muchos organismos internacionales. En los años ochenta, formó una asociación con los discursos de las organizaciones populares de autosuficiencia local y autoayuda, donde los organismos no gubernamentales (ONG) tuvieron que llenar a menudo desde la izquierda el vacío dejado por un estado en retroceso como consecuencia de las reformas neoliberales. Los años noventa vieron la participación defendida a gran escala, yendo más allá de los límites de los proyectos o de las intervenciones populares hacia otras esferas de la vida social, económica y política. La participación llegó a ser vista como una herramienta para obtener importantes objetivos políticos como el "empoderamiento" y la "buena gobernabilidad", a pesar de mantener, al menos en teoría, su rol como un fin en sí mismo.
Los métodos participativos desarrollados en el contexto del Diagnóstico Rural Participativo (DRP) se convirtieron en la herramienta principal de los organismos de desarrollo para adoptar la participación. Las diferencias en la comprensión de la participación y de los diferentes programas por diferentes actores continuaron, de manera que incluso la adopción de métodos similares no pudo cerrar estas brechas. Posiblemente, sin embargo, la adopción de los métodos participativos puso en movimiento otros procesos, creando nuevos espacios para el diálogo y la participación y transformando los comportamientos y las actitudes de los distintos tipos de actores de maneras inesperadas. Cornwall (2000) proporciona una variedad de ejemplos en este sentido.
Ideas y Herramientas: Del DRP a las Evaluaciones Participativas de la PobrezaEl DRP se ha definido como "una familia en etapa de crecimiento en cuanto a enfoques y métodos que le permiten a la población local compartir, mejorar y analizar su conocimiento de la vida y de sus condiciones, para planificar y actuar" (Chambers, 1994a). Surgió a comienzos de los años noventa basándose en las apreciaciones e innovaciones metodológicas que surgían de otras fuentes, incluidas:
El DRR ya se había apoderado de las percepciones y métodos de esas otras fuentes, y proporcionado una manera rápida de reunir información sobre las realidades locales construyéndola a partir de las percepciones de la población local. El DRR cuestionó los sesgos urbanos implícitos en el rol de los foráneos que actúan como consultores de desarrollo (el denominado "turismo de desarrollo") dándole una función más significativa al conocimiento local que, no obstante, todavía era producido por el análisis de los foráneos. Más aún, el DRR desafió la manera en que se generaba el conocimiento y respondió a los desafíos de las "ciencias exactas" (McGee, 1997) al recalcar dos principios esenciales, la "ignorancia óptima" (determinar cuánto se necesita conocer ahora) y la "imprecisión apropiada" (no hay necesidad de conocerlo todo exactamente) (Cornwall, 2000). El DRR también abrió las puertas a la experimentación metodológica, que apareció bajo diferentes formas, entre ellas, el DRR participativo, que surgió posteriormente, deviniendo en el DRP. La diferencia central entre el DRR y el DRP no se limita tan sólo al grado en que la población local se incluye en la investigación, sino a su finalidad suprema. "Un DRP intenta que la población local conduzca su propio análisis y, con frecuencia, que planifique y adopte medidas" (Chambers, 1994a). Al convertirse en una vía para que se efectúe la participación, las herramientas cualitativas y con frecuencia visuales usadas en el DRP adquirieron una característica nueva y distintiva. En la práctica, sin embargo, se ha cuestionado el grado en que estas herramientas provocaron una participación eficaz en todas las fases del ciclo del proyecto, conllevando muchas críticas por parte de quienes buscaban un cambio radical en la manera en que se conducían los esfuerzos de desarrollo. Sin detenerse en los pros y contras del DRP ni en la forma cómo fue implementado, es importante recalcar que la flexibilidad de los métodos demostró que era posible usarlos dentro de metodologías alternativas. Por consiguiente, muchas veces en la práctica, fue su eficacia en función de los costos y la oportunidad lo que produjeron resultados, más que sus efectos de empoderamiento, lo que apuntaló el apoyo que le dieron.
Si la adopción generalizada de las técnicas participativas desafió el alcance de algunas características distintivas que se mantenían vigentes, un reto adicional se planteó por la "adopción a gran escala" del DRP, desde la planificación de proyectos hasta su aporte en la formulación de políticas. La forma más evidente de esta adopción han sido las Evaluaciones Participativas de la Pobreza (EPP) realizadas por el Banco Mundial, que fueron introducidas como complemento de las Evaluaciones de la Pobreza ante las críticas por su énfasis centrado exclusivamente en el dinero. Estas EPP se han difundido rápidamente. Para 1998, la mitad de las evaluaciones sobre pobreza realizadas por el Banco Mundial incluían un componente participativo (Robb, 1999).
Sin embargo, cuando se comenzaba a desvincular el uso de técnicas participativas del compromiso directo con los proyectos y planes de la comunidad, el camino quedó abierto para usos más extractivos de las EPP. Y, realmente, en un inicio se puso énfasis en proporcionar información que pudiera ayudar a formular mejores políticas. Sin embargo, parecería que ahora una nueva generación de EPP ha hecho suyo el desafío de "influir en el proceso político". Un espectro más grande de actores se ha incorporado a estos procesos, poniendo mayor atención tanto al impacto del aprendizaje en su organización dentro de los procesos políticos como en la información que se produce (Cornwall, 2000). Metodología de las Evaluaciones Participatorias de la PobrezaDesde el punto de vista metodológico, las EPP pueden clasificarse como métodos contextuales de análisis (Booth et al., 1998) es decir, métodos de recolección de datos que (tomando una definición relacionada con la pobreza) "intentan comprender las dimensiones de la pobreza dentro del ambiente social, cultural, económico y político de una localidad", o de un grupo de personas, mediante la priorización de las percepciones de los habitantes locales. Aunque los diferentes métodos de investigación pueden ser contextuales a diferentes grados, esta clasificación yuxtapone los métodos participativos con aquellos métodos que se orientan a estandarizar la recolección y el análisis de datos, por ejemplo en las encuestas de hogares grandes. Esta manera de clasificar los enfoques ofrece la ventaja de separarse de la dicotomía cuantitativa-cualitativa que generalmente es vista como característica al comparar los datos de la encuesta con los participativos, pero la cual no considera el potencial que ofrecen las EPP de obtener información cuantitativa (por ejemplo, mediante jerarquizaciones; otras maneras de cuantificar la información son más debatibles). Los enfoques participativos, sin embargo, no son sólo contextuales, también recalcan la creatividad y la capacidad de los pobres para investigar y analizar su propia realidad (Chambers, 1994a). Por lo tanto, tratan no sólo de comprender la realidad en el ámbito local, sino mediante el análisis de los propios pobladores locales. Para un investigador, esto incluye no solamente la adopción de un conjunto de diferentes herramientas, sino también de comportamientos y actitudes completamente diferentes. Al reconocer su papel de extraños a la comunidad, los investigadores necesitan redefinirse como facilitadores que tienen que compartir el conocimiento local y estar dispuestos a examinar sus propios valores y percepciones de manera crítica. Estos elementos conductuales son centrales para el éxito y veracidad del ejercicio, aunque también son lo más difícil de estandarizar y comprobar ex post, al mirar la investigación existente.
Un desafío importante para las evaluaciones participativas de la pobreza que no es fácil de conciliar con el tema central de política de evaluación de la pobreza, es que la naturaleza no extractiva del ejercicio y de los esfuerzos no generen expectativas que puedan no ser satisfechas cuando esas políticas están alejadas de la población local. Las HerramientasDiversas herramientas se usan en el DRP. Cornwall et al. (1993) ha sugerido una clasificación para el análisis visualizado, entrevistas y muestreos, y para los métodos dinámicos grupales y de equipo, que ha sido citada por Estrella y Gaventa (1998). Los ejemplos incluyen:
La variedad y flexibilidad de estos métodos los distingue de otros que producen datos autopercibidos mediante cuestionarios estructurados (como por ejemplo, para identificar el nivel mínimo de ingresos necesario para el umbral de pobreza, Pradhan y Ravallion, 1998). Como tales herramientas son a menudo adoptadas en secuencia, se pueda adaptar la evaluación para que tenga cabida en el contexto y los temas sean analizados apropiadamente. Más aún, se usan diferentes herramientas para triangular los resultados (es decir, validarlos mediante verificación cruzada) lo que permite el surgimiento de diferentes apreciaciones. Al realizar una EPP, se debe poner especial cuidado en elegir las herramientas y las secuencias más adecuadas para captar los elementos centrales de privación en el contexto específico y los aspectos específicos de interés en la evaluación. Esto podría implicar, por ejemplo, la adopción de diferentes secuencias para los contextos urbanos y rurales. Como un ejemplo de la variedad de temas que pueden investigarse con una EPP, presentamos una descripción de los temas y métodos considerados en la EPP del Banco Mundial en zonas rurales de Zambia (Cuadro 1).
Al revisar el cuadro, resaltan dos características principales: una, la variedad de temas tratados; la otra, el número de métodos sugeridos para tratar cada tema. Un desglose detallado muestra que los diferentes temas pueden tratarse en conjunto o secuencialmente, lo que refuerza la importancia de una cuidadosa planificación de las secuencias que serán adoptadas, al menos para evitar la repetición lo que sería una pérdida de tiempo y muy aburrido para los participantes. Está claro también que, aunque una EPP es significativa para la formulación de políticas, no todos los tipos de investigación relacionada con la pobreza están preocupados en la misma medida con discutir opciones políticas, especialmente si la investigación tiene poca probabilidad de tener una relación directa con las opciones disponibles. Por consiguiente podría generar expectativas difíciles de cumplirse. Cuadro 1. Temas y Métodos del Análisis Participativo de la Pobreza en Zambia (Zonas Rurales)
Fuente: deGraft Agyarko, 1997 en IDS, 1998 El AnálisisLa fase final de una evaluación participativa de la pobreza es el análisis de resultados, y la retroalimentación de los resultados a la comunidad y a otros usuarios finales y, en el caso de la EPP, a los involucrados en las estrategias de reducción de la pobreza. Esta última etapa implica comprender todos los resultados generados por los diferentes grupos mediante diversos medios para llegar a una evaluación. Idealmente, debería ser la propia población local la que sintetice los resultados, pero esto no es necesariamente así. Lo más común es que los informes de campo sean devueltos a la comunidad y escrutados por ésta. Las nuevas generaciones de EPP están tratando de hacer de esta "fase final" el comienzo de un proceso de cambio en la comunidad y de la manera cómo participan en el proceso político, yendo mucho más allá de la producción de una foto instantánea de la pobreza en un punto determinado en el tiempo.
El enfoque participativo incluye la documentación de todas las etapas del proceso, lo que ayuda a comprender cómo se obtienen los resultados. En realidad, la documentación del proceso podría ayudar a entender algunas características como la interpretación que se da a los resultados cuantitativos (ordinales o cardinales), o el papel jugado por los diferentes grupos (si a todos se les ha dado el mismo ejercicio o si se ha preguntado a diferentes personas para sintetizar los resultados). La documentación del proceso es bastante ineficaz como mecanismo para asegurar calidad a los escrupulosos y comprometidos investigadores que realizarán y documentarán un proceso caracterizado por el cuestionamiento puntual de sus propias suposiciones, mientras otros cumplirán todas estas tareas como pasos de una receta, sin la concientización fundamental que caracteriza los buenos procesos. Más aún, como no difiere del caso de los extensos anexos metodológicos de las evaluaciones de la pobreza monetaria, es improbable que los lectores tengan mucho tiempo o erudición para ahondar en los detalles procesales, de manera tal que los hallazgos principales sean destacados por los investigadores como los que van a tener un impacto.
Un desafío importante para que el proceso se vuelva verdaderamente participativo en esta fase final es el traslado en los informes finales de la realidad local tal como es analizada por los pobladores pobres. Y de los problemas que surjan y parezcan ser difíciles de enfrentar aun cuando sean resultado de las mejores prácticas. Inevitablemente, cada evaluación se hace con algún propósito, y es probable que ese propósito se refleje en los elementos que se destacan. Y aun cuando el más comprometido e involucrado de los investigadores adopte algunos criterios para comprender la realidad, tiene que hacerle frente para comprender su complejidad. Un análisis reciente de los resultados de la primera ola de EPPs en África encontró que "se observaron algunos temas (en las EPP) que no se habían destacado en las descripciones principales de los resultados de la EPP. Sin embargo, lo que quizás es más sorprendente, es que estaban ausentes incluso en la lista ampliada. Hay una serie de otros temas para el análisis de la pobreza que parecen importantes a priori pero que están notablemente ausentes en la mayoría de casos. Existen varias maneras posibles de explicar el patrón particular de énfasis y ausencias en la primera ronda de EPP". (Booth et al., 1998). Citan la selectividad "obvia" a diversos niveles debida, por ejemplo, a las "presiones sobre los autores de los informes de síntesis del país para que destaquen los resultados que tienen inminencia para los políticos" o a la influencia indirecta que ejerce el marco de política estratégica del Banco Mundial sobre las maneras en que se organizan los temas. Es difícil percibir cómo las EPP pueden escaparse de esta clase de limitaciones, que representan tanto una necesidad natural de los investigadores para referirse a un contexto conocido como una consecuencia lógica de realizar el análisis para una finalidad particular. Esto plantea un punto básico importante: ¿puede un enfoque verdaderamente participativo tratar con creencias conducidas a priori? Y si es así, ¿en qué medida? Para dar un ejemplo práctico, el investigador ¿debería impulsar a la población local a tratar un tema que no han mencionado sobre la base de alguna creencia previa que afirma que el tema es importante?
La noción del capital es un poderoso punto de acceso para explicar las causas de la pobreza. El capital es entendido en un sentido amplio como cualquier "valor" susceptible de almacenarse, acumularse, intercambiarse o agotarse y que se puede trabajar para generar un "flujo" de ingresos u otros beneficios (Booth et al., 1998).
Nuevas Fronteras: Métodos CombinadosDel debate sobre el DRP, han surgido nuevas estimaciones que conducen a cuestionar la caracterización original del enfoque participativo como antitético para la recopilación de datos de la encuesta de hogares y para los intentos de usar las técnicas participativas y no participativas interactivamente, explotando sus respectivos puntos fuertes. Carvalho y White (1997) sintetiza estas posibilidades en términos de:
Carter y May (1999) brindan un ejemplo interesante al identificar los hogares de una encuesta grande basándose en un esquema de clasificación de medios de sustento derivado de una evaluación participativa (de igual manera, Scoones, 1995, sugiere usar el ordenamiento de la riqueza como una herramienta de investigación económica para los temas que examinan la riqueza y la pobreza en el contexto rural, estableciendo tal vez la agenda para estudios posteriores, más detallados y centrados en aspectos particulares). Este desarrollo, sin embargo, podría ser criticado por llevar técnicas participativas a la bolsa de herramientas de políticas y acciones de análisis de la pobreza, cambiando por consiguiente, su naturaleza no extractiva, haciéndolo responder a las prioridades de los extraños y provocando el riesgo de una rutinización del proceso (Chambers, 1994b). Esto, sin embargo, no debe ser necesariamente el caso. En la medida que algunos métodos participativos conducen a pruebas cuantitativas, generalmente de naturaleza ordinal, existe un potencial para vincular los métodos cualitativos y cuantitativos (Booth et al., 1998) sin reducir las percepciones de los métodos participativos sólo a aquellos que puedan cuantificarse. El desafío central al usar métodos participativos para el análisis de la pobreza está implícito en el cambio de las técnicas participativas desde el nivel del proyecto a los procesos de política. En tanto ha habido ejemplos reales de EPP que han contribuido enormemente al debate de políticas nacionales, también pueden encontrarse muchos ejemplos de investigación participativa maquillada, funcionando con fines extractivos y sin un compromiso de empoderamiento de la población local para que tenga una mayor opinión en los procesos políticos. Es importante considerar las instancias de investigación comparativa que adoptan los diferentes métodos de análisis, tanto participativos y no participativos, destacando sus relativamente puntos fuertes y puntos flacos. A la luz de estos debates, parece casi inevitable movilizarse hacia marcos nuevos e integrados para el análisis de la pobreza.
ReferenciasBooth, D., J. Holland, J. Hentschel, P. Lanjouw y A. Herbert. 1998. Participation and Combined Methods in African Poverty Assessments: Renewing the Agenda. División de Desarrollo Social DFID, Africa. Carter, M. R. y J. May. 1999 Poverty, Livelihood and Class in Rural South Africa. World Development, Nº 27, pp 1-20. Carvalho, S. y H. White. 1997. Combining the Quantitative and Qualitative Approaches to Poverty Measurement and Analysis: The Practice and the Potential. Documento técnico del Banco Mundial Nº. 366. Banco Mundial, Washington, D.C. Chambers, R. 1994a. The Origins and Practice of PRA. World Development, Vol. 22 Nº 7. Chambers, R. 1994b. PRA: Challenges, Potentials and Paradigm. World Development, Vol. 22 Nº 10. Cornwall, A. 2000. Beneficiary, Consumer, Citizen: Perspectives on Participation for Poverty Reduction, IDS. Cornwall, A., I. Gujit y A. Welbourn. 1993. Acknowledging Processes: Challenges for Agricultural Research and Extension Methodology. Documento de discusión IDS Nº 333. De Graft Agyarko, R. 1997. Influencing Policy through Poverty Assessments: Theoretical and Practical Overview of a Changing Process. Documento de trabajo IDS. Estrella, M. y J. Gaventa. 1998. Who Counts Reality? Participatory Monitoring and Evaluation: A Literature Review. Documento de trabajo IDS Nº 70. IDS. 1998. PPA Topic Pack. International Development Studies. McGee, R. 1997. Looking at Poverty from Different Points of View: A Colombian Case Study. Tesis Doctoral, Facultad de Estudios Económicos, Universidad de Manchester. Inédito. McGee, R. 1999. Technical, Objective, Equitable and Uniform? A Critique of the Colombian System for the Selection of Beneficiaries of Social Programmes. SISBEN. Inédito. McGee, R. 2000. Analysis of Participatory Poverty Assessment (PPA) and Households Survey Findings on Poverty Trends in Uganda. Informe de la Misión. 10-18 Febrero 2000. Pradhan, M. y M. Ravallion. 1998. Measuring Poverty Using Qualitative Perceptions of Welfare. Documento de trabajo de investigación política Nº 2011. Washington, D.C.: Banco Mundial. Robb, C.M. 1999. Can the Poor Influence Policy? Evaluación de la pobreza con participación de los afectados del mundo en desarrollo. Washington, D.C.: Banco Mundial. Scoones, I. 1995. Investigating Difference: Applications of Wealth Ranking and Household Survey Approaches Among Farming Households in Southern Zimbabwe. Development and Change Vol. Nº 36. p 67-88.
Colaboración de:
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