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Identificación: 27985
Creado: 2003-04-16 10:53
Modificado: 2004-11-09 12:23
Refreshed: 2010-02-04 06:53

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Capítulo 13.
Matagalpa, Nicaragua: Caminos nuevos para el manejo participativo en la cuenca del río Calico
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Ronnie Vernooy and Jacqueline A. Ashby

En este capítulo se describe el progreso actual en el Proyecto para las Laderas del Centro Internacional de Agricultura Tropical en Nicaragua. Este proyecto de investigación orientada a la acción pretende proporcionar a quienes toman las decisiones en los diversos niveles la información estratégica y los instrumentos que necesitan para mejorar el manejo de los recursos naturales en el medio ambiente frágil y degradado de las laderas de América Central. Se describen las actividades brevemente, haciendo hincapié en los principios de organización y las medidas que orientan el proyecto. Concluimos con una síntesis de los impactos y las enseñanzas aprendidas hasta el momento.

El sitio y el contexto de la investigación

El Proyecto para las Laderas del Centro Internacional de Agricultura Tropical (ICTA) es un proyecto de investigación orientada a la acción que tiene el propósito de proporcionar a los agricultores, las asociaciones de éstos, las organizaciones no gubernamentales (ONG) y los encargados de formular las políticas información estratégica y métodos para mejorar el manejo de los recursos naturales en el medio ambiente frágil y degradado de las laderas de América Central. Se lleva a cabo la investigación en cuatro cuencas, tres de ellas en Honduras y una en Nicaragua. El proyecto es patrocinado por la Corporación Suiza para el Desarrollo, el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) y el Banco Interamericano de Desarrollo. El trabajo de campo en Nicaragua es realizado por un equipo interdisciplinario de investigadores, que incluye al coordinador, el investigador asociado Jorge Alonso Beltrán, y las investigadoras auxiliares Nohemi Espinoza, Dominga Tijerino y María Eugenia Baltodano. El personal del ICTA residente en Cali, Colombia, y Tegucigalpa, Honduras, proporciona apoyo adicional en áreas tales como los sistemas de información geográfica y la investigación edafológica.

En Nicaragua, la zona de la investigación es la cuenca del río Calico, situada en la parte meridional de Matagalpa, a unos 125 km al nordeste de la capital, Managua (Figura 1). El río Calico es tributario del río Grande Matagalpa y su cuenca abarca una superficie de alrededor de 170 km2. En 1997, la población total era de aproximadamente 23 800 habitantes, que vivían en 17 comunidades rurales (unas 13 000 personas) y la ciudad de San Dionisio, la capital del municipio (Baltodano et al. 1997).


Figura 1. Mapa de Nicaragua que muestra la ubicación general de San Dionisio.

El clima de la cuenca, que forma parte de la cadena montañosa central del país, es semiárido (800-1 600 mm de precipitación anual; la temperatura fluctúa entre 22,5 oC y 25,0 %C). La altitud varía entre 350 y 1 250 m sobre el nivel del mar. Las actividades agrícolas se basan principalmente en los sistemas de producción de los pequeños agricultores: una combinación de cultivos de maíz y frijoles (un ciclo de maíz, dos ciclos de frijoles), la cría de ganado con un doble propósito (la leche se vende a la fábrica y se produce queso para el mercado local) y el café en las partes más altas (para la exportación). La tenencia de la tierra varía; todavía existe una cantidad considerable de familias sin tierras, un gran número de pequeños agricultores (con menos de 2 ha) y también unos cuantos grandes terratenientes.

Los principales problemas que afronta la gente son la pobreza, caracterizada por la falta de servicios educativos y de salud y las condiciones deficientes de las viviendas, una fuerte dependencia del maíz y los frijoles y ninguna o muy pocas alternativas de producción; la degradación del suelo, la escasez de agua y la deforestación. Según un estudio efectuado en 1996, el 76% de la población del municipio de San Dionisio es considerada pobre y el municipio es uno de los más pobres del país (Arcia et al. 1996). Los datos que reunimos en 1997 confirman que es real este altísimo porcentaje de personas que viven en la pobreza. Los habitantes del lugar explican que uno de los principales factores que contribuyen a estas condiciones es la situación de la tenencia de la tierra, que fuerza a muchos a rentar tierras y a otros a trabajar como jornaleros para ganar algunos ingresos adicionales (Baltodano et al. 1998).

Los problemas de los habitantes de la cuenca fueron agravados por el devastador impacto del huracán Mitch a fines de octubre de 1998. La cuenca del río Calico fue arrasada por el huracán, que destruyó 150 viviendas, caminos secundarios y el puente sobre el río Grande Matagalpa (desconectando así la zona del sur y el este del departamento de Matagalpa) y dañó escuelas rurales, centros de atención de salud y los cultivos de los campos. En una evaluación preliminar se estimó que se perdió alrededor del 80% de los cultivos de frijoles y el 40% del maíz. También fueron afectados el café, el sorgo, los frutales y las hortalizas. Cientos de árboles fueron arrancados de cuajo y arrastrados por el agua. Los habitantes de San Dionisio describieron las riberas recién formadas del río Calico como una playa; la fuerza del agua había ensanchado notablemente el lecho del río.

Problemas, conflictos y oportunidades para acuerdos de manejo alternativo

En septiembre de 1997, un taller participativo sobre el manejo de la cuenca reunió a un grupo mixto de 30 hombres y mujeres del lugar (agricultores, personal de las ONG y funcionarios del gobierno local), quienes identificaron los problemas fundamentales que afectan el manejo de la tierra y los medios de subsistencia de los habitantes de la zona de Calico, en diversos niveles: la comunidad, la microcuenca y la cuenca. Estos problemas incluyeron la degradación de la tierra, que provoca la reducción de los rendimientos, la deforestación, que origina la erosión del suelo y la pérdida de fauna y flora silvestres, la escasez y la contaminación del agua (Vernooy 1997). Los datos de la encuesta efectuada en 1997 como parte del estudio sobre la pobreza en toda la cuenca confirmaron esos resultados.

A comienzos del Proyecto para las Laderas, la situación en términos de la organización se podía describir mejor como la presencia y la intervención no coordinadas de una serie de ONG: el programa Campesino a Campesino, la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos, la Cooperativa para el Socorro Americano en Todas Partes (CARE), PRODESSA-UCOSD, ODESAR, la Asociación Indígena de Matagalpa. Cada una de estas ONG opera en una o más de las 17 comunidades de la cuenca, proporcionando apoyo técnico en forma de técnicas de conservación del suelo, reforestación, diversificación, tratamiento después de la cosecha, créditos, apoyo para la comercialización y capacitación. Varias organizaciones, a veces en forma independiente, asisten a las mismas familias rurales. Existe también un Concejo de Desarrollo Municipal, constituido por representantes en el municipio de los ministerios de salud, educación, abastecimiento de agua y acción social, miembros del concejo municipal y el coordinador del programa Campesino a Campesino. Este concejo se concentra principalmente en la infraestructura: la construcción y reparación de caminos, escuelas y centros de atención de salud. A nivel de la comunidad, hay varios Comités de Agua Potable encargados de mantener el sistema de abastecimiento de agua, así como Comités de Padres que supervisan los programas implementados en los jardines de niños y escuelas primarias rurales, y una serie de grupos religiosos activos que abordan problemas de salud y actividades culturales. Los ministerios de agricultura y ganadería, recursos naturales y medio ambiente y de la reforma agraria virtualmente no están presentes en este contexto organizacional.

El principal problema que conduce a conflictos en la cuenca se relaciona con el acceso al agua potable y el uso de ésta. Han surgido tensiones entre los propietarios de tie-rras situadas en los tramos superiores del río y las comunidades aguas abajo, que dependen de esas fuentes para abastecerse de agua potable. Los usuarios aguas abajo se quejan de la negligencia de los propietarios de tierras en cuanto al mantenimiento de la fuente de agua y la deforestación de las áreas circundantes. También afrontan periódicamente las amenazas de los propietarios de cortar el suministro del agua. Un segundo tipo de tensión se manifiesta entre comunidades vecinas cuando una de las comunidades depende de otra para abastecerse de agua potable; un ejemplo de este tipo de tensión es la que se observa entre las comunidades de Susuli, que tiene una fuente de agua, y El Jícaro 2, que no tiene su propia fuente y depende de Susuli para abastecerse de agua. Algunos agricultores usan el agua del río en forma ilegal para el riego, una práctica prohibida por la ley municipal. Las autoridades municipales no pueden detener esto. Los usuarios aguas abajo se quejan porque se reduce el caudal de agua, con lo cual se limita la cantidad disponible para uso y consumo domésticos.

El acceso a la tierra y el uso de ésta constituyen otra fuente de conflictos. La incertidumbre acerca de la legalidad del proceso de reforma agraria y sus resultados continúa causando dificultades, en especial para los agricultores organizados en cooperativas. Varias cooperativas de la cuenca han recibido avisos de expropiación por parte de propietarios anteriores que han regresado a Nicaragua después de la elección del presidente neoliberal Arnoldo Alemán Lacayo en 1996.

Examinamos esta situación en términos de oportunidades para la acción:

  • Determinar los problemas de manejo de los recursos naturales a nivel de la cuenca y las microcuencas;
  • mejorar la participación de los habitantes de las zonas rurales en la toma de decisiones a nivel municipal;
  • estimular la coordinación entre las ONG, el Concejo de Desarrollo Municipal y los ministerios (para aumentar el efecto de las actividades y evitar la duplicación); y
  • facilitar la concertación cuando sea pertinente, concentrándola en la solución de conflictos por los recursos naturales y, tal vez, el desarrollo de un plan integrado de manejo de los recursos naturales.

En las reuniones y conversaciones con personal de las ONG y miembros del Concejo de Desarrollo Municipal, nos enteramos de que estaban conscientes de la falta de coordinación, la duplicación de las actividades realizadas por las ONG y las oportunidades existentes para una acción más concertada, pero ninguno estaba interesado en tomar la iniciativa de hacer algo acerca de esa situación. Sin embargo, unos meses después de nuestra llegada a la zona, propusimos revivir una de las ideas generadas por el programa Campesino a Campesino y la municipalidad: la reforestación de un tramo del río Calico. Rápidamente se logró la coordinación; se esbozaron una propuesta del proyecto y un proceso de planificación con el aporte de la mayoría de los actores locales y el trabajo fue encabezado por el presidente municipal de San Dionisio.

Actividades en marcha en la cuenca del río Calico

Aumentar la capacidad local de organización

En términos del fortalecimiento del proceso de organización en la zona, el equipo del Programa para las Laderas del ICTA llegó a un acuerdo con el programa Campesino a Campesino en San Dionisio con el fin de formar una serie de Comités de Investigación Agrícola Local (CIAL). La idea que sustenta esos comités es proporcionar a las comunidades del lugar un instrumento para realizar investigación participativa, concentrándose en la solución de problemas de manejo de los recursos naturales a nivel local (identificados mediante el análisis participativo de los problemas), y, de ese modo, aumentar la capacidad local de organización (Ashby et al. 1997). Los CIAL también fueron considerados elementos fundamentales para establecer una estructura organizacional a nivel de la cuenca que abordara los problemas y las oportunidades de manejo de los recursos naturales más allá de los límites.

Hasta el momento se han formado ocho CIAL, que funcionan bastante bien. Una cantidad considerable de personas han participado en las diversas etapas del proceso de investigación (representado por una escalera). Se han efectuado experimentos (la identificación de variedades desconocidas promisorias de maíz y frijoles), cuyos resultados han sido considerados positivos por los CIAL y los integrantes de las comunidades, y se ha establecido el compromiso de continuar la experimentación en 1999 en una escala más amplia. Surge una cantidad de nuevos líderes de los agricultores y los CIAL han participado en iniciativas a nivel de la cuenca. Esos comités están vinculados entre sí para intercambiar ideas y resultados dentro de la cuenca, y también con organizaciones de investigación y tecnología, como el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agrícola.

La reforestación de la cuenca

El resurgimiento de una iniciativa local y la formación de un comité interinstitucional sobre reforestación de la zona del río Calico constituyen una segunda actividad facilitada por el equipo del ICTA. Los miembros para este comité fueron seleccionados entre los integrantes del Concejo de Desarrollo Municipal. Además, a sugerencia del equipo del ICTA se incluyó a un miembro del CIAL y a un agricultor con tierra a lo largo del río Calico. Sobre la base de un estudio de diagnóstico de los recursos naturales a lo largo de las ri-beras del río, coordinado por el ICTA, el comité preparó una propuesta de proyecto. Se obtuvo financiamiento para el proyecto y se estableció un vivero de árboles. La plantación de árboles a lo largo del río, con la participación de miembros del comité, agricultores locales y estudiantes de las escuelas secundarias de San Dionisio, se completó en septiembre de 1998. Esta experiencia demostró a las personas, las organizaciones comunitarias y las ONG del lugar que la concentración en la cuenca permitía debatir los problemas y probar posibles soluciones. El Concejo de Desarrollo Municipal de San Dionisio ha mostrado interés en utilizar el criterio de la cuenca en actividades futuras que encabece.

Fondos para el manejo local

Una tercera iniciativa se relacionó con el establecimiento de un fondo de pequeños subsidios para proyectos de manejo de los recursos naturales en las comunidades rurales, el cual sería manejado por una asociación de organizaciones comunitarias rurales que representaban diversos intereses o grupos de usuarios, con el apoyo de un miembro del equipo del ICTA (quien actuaría simplemente como asesor, sin una función oficial). Como una de sus primeras tareas, esta Asociación de Organizaciones Comunitarias apoyará iniciativas a nivel de grupos locales o de las comunidades para mejorar el manejo del agua, el suelo y los bosques. Se espera asimismo que la asociación cree el entorno para un proceso de desarrollo de tecnología y asistencia para el desarrollo más impulsado por la demanda, y que también contribuya a aumentar la capacidad de gestión. Durante la primera mitad de 1998, la asociación, con el apoyo del equipo del ICTA y mediante un proceso de planificación participativa, definió sus metas, objetivos, actividades, normas y disposiciones. Sus miembros también han expresado interés en establecer capítulos a nivel de la comunidad.

Uno de los participantes en la Asociación de Organizaciones Comunitarias es la Asociación de Comités de Agua Potable, organización coordinadora general de los Comités de Agua Potable (CAP) locales que existen en la mayoría de las 17 comunidades. Con el apoyo del programa Campesino a Campesino, la municipalidad y el departamento gubernamental relacionado con el agua potable, los CAP son responsables de la reparación y mantenimiento de los sistemas locales de abastecimiento de agua potable. Cobran pequeñas tarifas a los usuarios por este servicio. Las organizaciones que apoyan a los CAP están todas de acuerdo en que el fortalecimiento de los comités ayudaría a resolver algunos de los conflictos actuales acerca del acceso al agua potable y el uso de ésta, y prevendría conflictos futuros.

La investigación participativa y el análisis ambiental

Durante 1998, el Proyecto para las Laderas llevó a cabo una serie de análisis participativos de las microcuencas, que involucraron a pequeños grupos de informantes locales esenciales en cada una de las 15 microcuencas (agricultores, técnicos locales, promotores y vicepresidentes municipales). Los factores examinados incluyen el uso de la tierra (las zonas agroecológicas), el estado de los bosques, los recursos hídricos, los cultivos, la flora y la fauna silvestres, los animales domésticos, los pastizales e indicadores de las condiciones del suelo. Además, los participantes identifican las limitaciones y las oportunidades para la producción agrícola y el manejo de los recursos naturales en la zona (Espinoza y Vernooy 1998). Sobre la base de los resultados, se ha establecido un conjunto de indicadores de los recursos naturales para la vigilancia y la comparación entre distintas microcuencas.

El propósito es presentar los resultados de estos análisis a los principales encargados de tomar las decisiones a nivel local, como el presidente municipal de San Dionisio, los organismos estatales y las ONG que operan en la cuenca, así como a la recientemente creada Asociación de Organizaciones Comunitarias, que pensamos que será un elemento clave. Los resultados permitirán a quienes toman las decisiones identificar las zonas con prioridad para la acción, donde los recursos naturales están ya deteriorados o corren un gran riesgo, u ofrecer otras opciones. Los análisis también serán útiles como un panorama anterior al Mitch del estado de los recursos naturales, que permitirá la comparación con la situación posterior al Mitch.

Con el fin de tener una mejor idea de las dimensiones de la destrucción y el daño provocados por el huracán, la Asociación de Organizaciones Comunitarias, con fondos del CIID, coordinará un estudio para evaluar los impactos del huracán Mitch sobre la base de recursos naturales en toda la cuenca. El estudio pretende proporcionar información deta-llada para el desarrollo de un amplio programa de reconstrucción y rehabilitación, en colaboración con ONG locales, los municipios y los ministerios gubernamentales a nivel regional y nacional.

Establecer un proceso de planificación

Sobre la base de los análisis en las microcuencas y considerando la situación nueva, posterior al huracán, el equipo del Proyecto para las Laderas pretende facilitar un proceso de planificación con la participación de múltiples involucrados que examine aspectos de organización o institucionales, la descentralización y la formulación de políticas a nivel de la cuenca, en el contexto de la reconstrucción, la rehabilitación y la prevención y mitigación de desastres. El propósito es examinar las actividades y estructuras de organización que existen actualmente (a nivel de la comunidad, las ONG y el gobierno), dónde operan y qué hacen. El próximo paso será determinar cómo estos procesos y estructuras pueden ser organizados a nivel de la cuenca para facilitar la planificación y el manejo de los recursos naturales en forma más participativa, eficiente y eficaz, con el fin de reconstruir lo que se perdió como resultado del huracán Mitch y renovar la producción agrícola. Si bien todavía es demasiado pronto para medir los impactos de estas nuevas formas de experimentación, planificación y organización, hasta el momento las personas han aceptado las ideas con entusiasmo y han realizado un considerable esfuerzo. El proceso de investigación participativa proporciona a las personas del lugar la oportunidad de analizar su propia situación, reflexionar sobre ella y descubrir las carencias y los vínculos entre diversos niveles de la ecología local y las organizaciones socioeconómicas de la cuenca. Se están explorando nuevos caminos para abordar los problemas que afectan los medios de subsistencia de la gente y está surgiendo un sentimiento colectivo de la estructura social de la cuenca.

Lecciones aprendidas

La investigación para la acción en la cuenca del río Calico en Matagalpa, Nicaragua, revela enseñanzas concernientes a métodos eficientes y principios de organización.

Los métodos

Los recursos de la cuenca son necesarios para diversos usuarios directos e indirectos, con intereses distintos y a veces opuestos o conflictivos. Sucede esto en particular en el caso de un medio ambiente de laderas diverso desde el punto de vista agroecológico, como la cuenca del Calico. La identificación de los involucrados es entonces fundamental para organizar un manejo sustentable a nivel de la cuenca. Como las condiciones pueden cambiar con el tiempo, también se requiere el análisis continuo de la configuración de los involucrados y sus intereses (Ravnborg y Ashby 1996).

También es fundamental la perspectiva interdisciplinaria. Los análisis del suelo y las microcuencas, importantes para las decisiones acerca del manejo, deben ser situados en el contexto de los grupos de usuarios, los múltiples intereses y otras características socioeconómicas. El carácter interdisciplinario también aumenta el conocimiento de la interrelación de los diversos niveles de análisis, desde la parcela, la finca y la comunidad, a la microcuenca y la cuenca. La combinación de la investigación de “diagnóstico” (por ejemplo, la división de la cuenca en zonas agroecológicas, la identificación de las áreas críticas para una intervención) y la investigación participativa para la acción (por ejemplo, me-diante los CIAL, la formación de comités de múltiples involucrados, la formación de asociaciones de grupos locales, la determinación de los indicadores que usarán las personas del lugar, el estudio de evaluación participativa de los impactos del huracán) ayuda a proporcionar información multidisciplinaria sobre el estado de la base de recursos en los diversos niveles. También aumenta la participación de los usuarios de los recursos en el análisis de los problemas y las oportunidades y facilita la transición rápida de la investigación a la acción. Los agricultores experimentadores, los líderes locales y los agentes de extensión también tienen una función importante que cumplir, junto con los técnicos y los investigadores de las ONG y los ministerios gubernamentales.

Es preciso efectuar la vigilancia a nivel local del uso de los recursos con el fin de asegurar el acatamiento y la fiscalización. Para lograr mejores prácticas de manejo de los recursos mediante la acción cooperativa, las normas y las sanciones, es importante que las personas del lugar y quienes colaboran con ellas conozcan bien los procesos ecológicos, como la dinámica del suelo, los flujos de los nutrimentos y los ciclos del agua. Por consiguiente, la evaluación de los recursos y la vigilancia del uso de éstos son actividades esenciales en todo intento de mejorar las prácticas de manejo y los acuerdos reguladores. La vigilancia contribuirá a crear conciencia entre quienes toman las decisiones a nivel local acerca de la interdependencia de los recursos y, si se efectúa en forma colectiva, fácilmente puede generar habilidades y credibilidad y un sentimiento de propiedad y confianza.

Es preciso desarrollar instrumentos metodológicos que puedan usar las personas del lugar para analizar la situación local, abordar las restricciones, los problemas y las oportunidades, tomar medidas y vigilar los resultados. El nivel de las microcuencas parece ser útil para la intervención y la acción orientada a generar y ensayar ese tipo de instrumentos.

La organización

La naturaleza y las dimensiones de las cuencas también requieren cierta forma de acción colectiva para su manejo sustentable (Malanson 1993). En consecuencia, es preciso for-talecer e involucrar a las organizaciones locales para modificar las formas en que interactúan entre sí y con la sociedad en general (Campbell 1994; Anderson White y Ford Runge 1995). La meta es mayor y se necesita un control más equitativo de los recursos, ampliar la gama de opciones de las personas menos favorecidas (las mujeres, las minorías étnicas, los campesinos sin tierra), aumentar su participación en la formulación de las políticas a nivel regional o nacional (dar espacio a más personas para que se hagan oír) y mejorar la calidad de su participación. Sin embargo, el fortalecimiento o establecimiento de grupos de interés no es un proceso fácil. La acción colectiva no surge en forma espontánea, aun cuando, desde el punto de vista de alguien ajeno al proceso, parezcan evidentes las ventajas posibles (Cernea 1989). Es fundamental generar confianza, pero esto toma tiempo. El reconocimiento de los aspectos positivos y los puntos débiles (las ventajas comparativas) de los distintos actores es también un principio clave, que contribuye a crear la confianza necesaria.

Nuestra experiencia sugiere que, para que funcionen las cosas, es útil tratar simultáneamente distintos niveles de organización en un proceso iterativo que busque identificar las interdependencias entre la comunidad, las microcuencas y la cuenca. Esto debe basarse en las iniciativas existentes, como los proyectos efectuados por las ONG (por ejemplo, CARE y el programa Campesino a Campesino en San Dionisio) y las organizaciones comunitarias locales (los CAP). La organización debe concentrarse en definir reglas y normas para el uso equitativo de los recursos. Para esto se requieren comunidades bien informadas (grupos de usuarios, involucrados) con la capacidad de entablar el diálogo y realizar tareas particulares. Esto a su vez exige un grado apropiado de organización popular o comunitaria, basada en la capacidad de gestión (Bromley y Cernea 1989) y liderazgo a nivel local, que involucre a organizaciones rurales tanto oficiales como no oficiales (véase, por ejemplo, Claridge y O’Callaghan 1997).

Los CIAL y la Asociación de Organizaciones Comunitarias también han demostrado ser buenos puntos de partida. Proporcionan un instrumento para que las personas del lugar se organicen alrededor de una cuestión específica (por ejemplo, los retos del manejo de los recursos naturales y la agricultura) y resuelvan los problemas percibidos a nivel local. Es necesario un mayor apoyo para este tipo de iniciativas locales y hay que involucrar a estas formas locales de organización en los asuntos municipales y de la cuenca, como la planificación del uso de la tierra, la reforestación, la distribución del agua y el manejo de los conflictos.

La experiencia del proyecto indica que es útil comenzar planeando actividades para reunir a las personas con el fin de que aprendan en forma práctica (presentando ideas, trabajando juntas, planeando en forma colectiva y participando en la vigilancia) (Uphoff 1992). Esto crea un foro para debatir problemas y soluciones y permite a las personas asumir la responsabilidad de nuevas iniciativas, como el proyecto de reforestación. Hay posibilidades para una mayor y más significativa interacción entre los grupos comunitarios, las ONG, el Concejo de Desarrollo Municipal, los ministerios gubernamentales, el ICTA y otros organismos en Matagalpa. No obstante, el punto de partida es el fortalecimiento de los grupos locales y el establecimiento de puentes entre ellos.

La integración y coordinación de las actividades de planificación, desde el nivel de la finca al de la microcuenca y la cuenca, también es esencial para generar prácticas de manejo más sustentables. Esto requiere reunir a los usuarios directos de los recursos que viven o trabajan en la cuenca. Sin embargo, las personas foráneas o los usuarios externos de los recursos también pueden tener intereses distintos de los de las personas que viven en la zona. Se requieren medidas para involucrarlos en las actividades de planificación y salvar las diferencias o negociar los intereses internos en oposición a los externos en la cuenca.

Los vínculos horizontales y verticales entre los involucrados pueden ser fortalecidos abordando carencias institucionales y de organización fundamentales. En Calico, esto implica crear y vincular en forma horizontal grupos locales de agricultores experimentadores (los CIAL) y facilitar, mediante el ICTA, vínculos verticales con los centros nacionales de investigación y de transferencia de tecnologías. El ICTA también ha facilitado, mediante talleres y reuniones, los vínculos horizontales entre las organizaciones que operan a nivel de la comunidad y entre estas organizaciones y las ONG, los ministerios y la municipalidad. La creación de esos vínculos ayuda a los actores locales a identificar fuentes de asistencia técnica y a ejercer presión sobre el gobierno para recibir los servicios que merecen. También contribuye a integrar a los gobiernos en el proceso de planificación local e influye en las agendas políticas más amplias.

La experiencia del Proyecto para las Laderas sugiere que los investigadores deben actuar como facilitadores del análisis y la acción en el plano local, estableciendo vínculos entre los conocimientos, las iniciativas y las formas locales de organización por una parte y, por otra, las fuentes externas de información y recursos. Las personas del lugar están interesadas en los conocimientos nuevos, pero con frecuencia carecen de las vías de acceso a ellos. Esta nueva función para los investigadores requiere el arte de escuchar con atención, hacer las preguntas adecuadas, promover la sinergia del grupo y asistir en el diagnóstico de los problemas y la definición de la misión.

Referencias bibliográficas

Anderson White, T.; Ford Runge, C. 1995. The emergence and evolution of collective action: lessons from watershed management in Haiti. World Development, 23(10), 1683–1698.

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Ashby, J.A.; García, T.; del Pilar Guerrero, M.; Patiño, C.A.; Quiroz, C.A.; Roa, J.I. 1997. Supporting local farmer research committees. En van Veldhuizen, L.; Waters-Bayers, A.; Ramírez, R.; Johnson, D.A.; Thompson, J. Farmers’s research in practice. Intermediate Technology Publications, Londres, Reino Unido. pp. 245–263.

Baltodano, M.E.; Tijerino, D.; Vernooy, R. 1997. Proceso de identificación y características de la sub-cuenca del estudio, río Calico-San Dionisio, Matagalpa. En Proyecto ICTA Laderas América Central. Reportes de progreso 1997. Centro Internacional de Agricultura Tropical, Managua, Nicaragua. pp. 69–86.

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Bromley, D.W.; Cernea, M.M. 1989. The management of common property resources. Banco Mundial, Washington, DC, E.U.A. World Bank Discussion Paper 57. 66 pp.

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