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La opresión social, que se remonta a la conquista española, ha creado un legado de pobreza para el pueblo chortí de Copán, en el oeste de Honduras. La dominación y explotación continuas han generado graves injusticias y crecientes conflictos y violencia. Las presiones del crecimiento demográfico y la degradación de los recursos naturales han contribuido a crear un futuro sombrío para la mayoría de los habitantes de Copán. En 1997, después del asesinato del líder indígena Cándido Amador, los chortís marcharon hacia Tegucigalpa, donde realizaron una huelga de hambre para hacer pública su causa. En respuesta a las presiones nacionales e internacionales, el presidente hondureño intervino y decretó la asignación de recursos públicos para proveer de varios miles de hectáreas de tierras a los chortís. No obstante, esto fue sólo un primer paso hacia un cambio social efectivo y el progreso en Copán. Las actividades vinculadas con el manejo comunitario de los recursos naturales (MCRN) inicialmente se concentraron en fortalecer la posición de los chortís. Cuando ha transcurrido menos de un año y como resultado de los procesos de participación, se han diluido las disputas y los chortís están mejor organizados y preparados para abogar por sus intereses en foros locales y nacionales. Si bien aún quedan muchos desafíos, se han obtenido valiosas experiencias y útiles enseñanzas respecto al establecimiento del MCRN. En América Central, el crecimiento demográfico y la burda explotación de los recursos por intereses particulares ejercen crecientes presiones sobre recursos naturales cada vez más limitados. Además, la reestructuración de las políticas nacionales ha conducido a la delegación del manejo de los recursos naturales, otorgando funciones más amplias a los grupos locales de interés y las organizaciones no gubernamentales (ONG). La transición ha llevado a una brusca declinación de los mecanismos administrativos y la comunicación eficiente entre los involucrados de las zonas rurales: agricultores, ganaderos, propietarios de ase-rraderos, ambientalistas, funcionarios gubernamentales y comunidades locales. Las disparidades en el acceso a los recursos naturales, la falta de consenso y la información errónea son particularmente frecuentes en los entornos rurales. En este trabajo se describe la experiencia de la Red para el Manejo en Colaboración de los Recursos Naturales (COLABORA) con el pueblo chortí de Copán, en el oeste de Honduras. Establecida en 1994, COLABORA es un grupo no oficial de organizaciones preocupadas por el fortalecimiento del manejo comunitario de los recursos naturales (MCRN) en Honduras y miembro de la Red Mesoamericana para el Manejo de Conflictos Socioambientales, que actúa a nivel regional. Los miembros fundadores de COLABORA incluyen a las ONG Caritas, Aldea Global, Proyecto Guayape y Vecinos Mundiales, así como a la Universidad de Cornell y la Escuela Panamericana de Agricultura (Zamorano). Posteriormente, se han involucrado más profundamente la Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal (COHDEFOR) y varios gobiernos municipales. Nuestra experiencia indica que el establecimiento del MCRN puede ayudar a resolver disputas y promover una mayor democracia al facilitar la comunicación y el mutuo aprendizaje entre las diversas partes y poner el poder de la toma de decisiones en manos de los involucrados. El entorno y la situación conflictivaLa regiónHonduras ocupa una superficie de unos 112 000 km2 en el corazón de la región montañosa de América Central. Los productos agrícolas aportan alrededor del 22% del producto interno bruto del país; los principales ingresos provienen de la exportación del banano, café, ganado, caña de azúcar y tabaco. El producto interno bruto per cápita es de aproximadamente 879 dólares estadounidenses (USD), pero la disparidad en los ingresos es muy grande: el 20% de la población percibe el 64% de los ingresos nacionales. La tasa de analfabetismo es de alrededor del 43%. La mitad de los casi seis millones de habitantes del país son agricultores que producen maíz y frijoles para autoconsumo y el 80% de ellos están incluidos en las categorías de pobreza o extrema pobreza (Banco Mundial 1994). La gran mayoría de los hondureños son de ascendencia mixta europea e indígena americana (localmente se les llama mestizos) (Newsome 1992). Los grupos indígenas y étnicos de Honduras se han reducido a menos del 10% de la población total y hoy este grupo social representa el sector más marginado del país (Rivas 1993). En ninguna parte del país la pobreza y la desigualdad social son más atroces que en Copán, en particular entre las personas que son descendientes más directos de los mayas, los chortís. La ciudad de Copán, en la región montañosa occidental de Honduras, tiene una población de 6 000 mil personas. Sin embargo, sus ruinas arqueológicas mayas atraen anualmente a más de 150 000 turistas de todo el mundo (Director, comunicación personal, 19981). La mayoría de los habitantes de la ciudad son mestizos; los chortís viven en las aldeas de las laderas circundantes a las planicies de Copán (Figura 1).
Los chortís tienen antepasados mixtos mayas y españoles y sólo unos cuantos conservan su lengua indígena (Herranz 1996). Sin embargo, su identidad cultural está en gran medida intacta y en 1994 el gobierno hondureño oficialmente reconoció a los chortís como uno de los siete grupos indígenas y étnicos remanentes en el país. Unos 8 000 chortís han sido relegados a las laderas como agricultores de autoconsumo y jornaleros que trabajan para los propietarios de las plantaciones locales (los terratenientes, que generalmente son de ascendencia española directa) y viven en condiciones de extrema pobreza (Martínez 1997). Las tasas de analfabetismo llegan al 90% y más, la tasa de mortalidad infantil es de aproximadamente 60% y más de la mitad de los niños están desnutridos. En medio de las continuas presiones sociales y económicas, los chortís están luchando por preservar sus costumbres y reconstruir su identidad, su lengua y sus medios de subsistencia. Una historia de desigualdadA comienzos del siglo XVI, los españoles reclamaron la propiedad de todas las tierras, recursos y las personas de Honduras. Los derechos de gobierno se distribuyeron entre los conquistadores (Newsome 1992). A medida que la Iglesia Católica Romana acrecentó su poder a final del siglo, brevemente distribuyó los derechos de gobierno a caciques indígenas que se habían convertido al catolicismo, pero más tarde dio el control básico a los crio-llos (descendientes de los españoles nacidos en América). Como resultado, surgieron seis familias criollas como grandes terratenientes en el valle de Copán (Martínez 1997). Durante los siglos XVIII y XIX, la inmigración de criollos y mestizos aumentó la población del valle de Copán, consolidó aun más la privatización de los recursos y desplazó a los chortís de su tierra natal (Martínez 1997). Si bien la Iglesia Católica Romana tomó medidas para que los indígenas tuvieran acceso a terrenos, muchos chortís fueron desalojados por la fuerza de sus tierras. A comienzos del siglo XIX, la determinación de las fronteras políticas entre Guatemala y Honduras dividió a la nación chortí. En el siglo XX, la dominación social se volvió cada vez más institucionalizada. El conflicto social actualEn la década de los 50, poderosos terratenientes adquirieron miles de hectáreas en todo el valle de Copán, que se extendían hasta Guatemala (Martínez 1997). Muchas comunidades chortís estaban en este territorio y sus habitantes se vieron forzados a trabajar como peones rurales para sobrevivir. Como parte de las políticas hondureñas de reforma agraria en los años 70, el Instituto Nacional Agrario (INA) proporcionó nuevas tierras a tres de las 17 comunidades chortís de Copán. Si bien la redistribución fue muy limitada y la tierra otorgada era en gran parte estéril, la medida brindó un muy necesario alivio a las comunidades en crecimiento. Durante los años 80, las comunidades rurales formaron sindicatos de agricultores para exigir el derecho de acceso a las tierras y los créditos (Martínez 1997). En 1991, más de una docena de integrantes de los sindicatos de Copán fueron asesinados. Las investigaciones antropológicas y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas y Tribales de Países Independientes, que tenía el propósito de proteger y beneficiar a las comunidades indígenas, mejorar su acceso a la tierra, los servicios de salud y viviendas y asegurar la satisfacción de sus necesidades básicas, intensificaron el sentimiento de los chortís hacia su identidad cultural. En noviembre de 1994, con la ayuda de la Confederación Nacional de Pueblos Autóctonos de Honduras (CONPAH) y la Universidad Pedagógica Nacional, los líderes locales crearon el Consejo Nacional de Indígenas Chortís de Honduras (CONICHH) para abogar por sus intereses, en particular la recuperación del territorio indígena perdido. El 12 de abril de 1997 fue asesinado el líder chortí Cándido Amador. Si bien las autoridades todavía no han determinado cabalmente las circunstancias del asesinato, los acontecimientos consolidaron más el nacionalismo de los chortís e incitaron sus protestas. En mayo de 1997 casi 1 000 chortís marcharon hacia la capital de Honduras, Tegucigalpa, y efectuaron una huelga de hambre que captó la atención del país así como de la comunidad internacional. Exigieron nuevas investigaciones acerca de la muerte de Cándido Amador y la restitución de las tierras tribales. La Organización de Agricultores y Ganaderos de las Ruinas de Copán (AGRACOR), que representa los intereses de los propietarios de las plantaciones, cabildeó con el go-bierno hondureño para impedir la redistribución de la tierra. Entre otras cosas, ponían en tela de juicio la etnicidad de los chortís. Sin embargo, a pesar de los fuertes vínculos de AGRACOR con miembros del Congreso hondureño, los medios de difusión y la presión del público exigieron la intervención presidencial para terminar la huelga de hambre. El go-bierno decidió apoyar la causa de los chortís y les otorgó 2 000 ha de tierras productivas y créditos por 200 000 lempiras hondureñas destinadas a viviendas (Cuadro 1) (en 1999, 14.24 lempiras hondureñas [LH] = 1 dólar estadounidense [USD]).
En diciembre de 1997, el INA transfirió 350 ha del total de tierras concedidas a los chortís para que fueran administradas por el CONICHH. No obstante, por diversas razones esta medida empeoró las relaciones existentes entre los involucrados. El gobierno adquirió de los terratenientes, tierras en gran medida no cultivables e improductivas a precios exorbitantes (en la mayoría de los casos al triple del valor del mercado). El INA otorgó tierras públicas, lo que causó problemas con el gobierno municipal local como resultado de las responsabilidades jurídicas poco claras. Además, sólo cinco de 17 comunidades chortís recibieron tierras y cuestionaron la cantidad real de hectáreas distribuidas. Por último, el gobierno no tomó medidas para apoyar financiera o técnicamente a los chortís con el fin de que se convirtieran en agricultores productivos. Los chortís, que habían trabajado básicamente como peones en las últimas generaciones, habían perdido gran parte de sus conocimientos agrícolas. Los problemas críticosEl conflicto actual en Copán surgió de una multiplicidad de problemas. Las discrepancias entre los chortís sobre la propiedad y la distribución de la tierra causaron divisiones entre sus comunidades. Los chortís también estaban preocupados porque el gobierno no cumplió los acuerdos de julio de 1997 y creció la desconfianza. Los productores de tabaco desalentaron la organización de las comunidades amenazando a los miembros del CONICHH y excluyéndolos de las oportunidades de empleo o el acceso a la tierra. Además, las tensiones sociales e históricas, en especial entre los descendientes de los criollos y los indígenas, así como entre los ricos de las zonas urbanas y los pobres de las zonas rurales, agravaron la situación. En el Cuadro 2 se enumeran los principales grupos involucrados y sus intereses.
La mediación para el cambio con el MCRNDespués de las protestas y la violencia de 1997, el CONICHH buscó el apoyo organizacional y técnico de organizaciones privadas de desarrollo. Sus líderes se acercaron a la ONG católica Caritas, que estaba realizando proyectos en el oeste de Honduras y era miembro activo de COLABORA. Caritas y COLABORA unieron fuerzas para ayudar al CONICHH a mejorar la situación en Copán. La intervenciónA fines de 1997, los representantes de COLABORA comenzaron a visitar Copán periódicamente para entender mejor la situación y establecer un proceso de MCRN. La necesidad inicial más apremiante era prevenir una mayor violencia y establecer un entorno más propicio para el diálogo. Debido a la debilidad y fragilidad de la organización, el CONICHH y sus integrantes también tenían que fortalecer su habilidad colectiva para negociar con las partes más fuertes, en particular los grandes terratenientes y otras empresas privadas interesadas. COLABORA respondió a la necesidad de fortalecimiento institucional organizando talleres e intercambios donde participaron representantes de los chortís y organizaciones vinculadas con situaciones similares en otras partes del país (valle de Guayape, Olancho; Las Marías, Olancho; valle del Yeguare; Francisco Morazán). Mediante visitas, la investigación participativa y talleres para intercambiar y desarrollar métodos y estrategias de manejo de los conflictos, COLABORA contribuyó a diluir las amenazas de violencia y lograr el compromiso con un proceso a largo plazo de MCRN (Ríos et al. 1998). En el Cuadro 3 se sintetizan las actividades realizadas durante esta etapa.
Después de las actividades iniciales de MCRN, el CONICHH se preocupó por aminorar los conflictos sociales por los recursos naturales, en particular entre los terratenientes (los que vendieron tierras al gobierno y los que no lo hicieron), las comunidades chortís (miembros y no miembros del CONICHH), el municipio, el INA y la oficina del presidente. Como medida de seguimiento y una forma de fortalecer su capacidad de participar en procesos más amplios de toma de decisiones, los chortís identificaron como una prioridad la distribución equitativa y el empleo productivo de las tierras otorgadas (Figura 2).
El CONICHH pensó que al abordar los conflictos de las comunidades por la distribución y el manejo de las tierras se resolverían las diferencias inmediatas entre los chortís y se fortalecerían el consenso y la organización generales. En vista de la escasez de alimentos y la cercanía de la temporada de siembra en mayo, solicitaron que COLABORA comenzara trabajando con las cinco comunidades que ya habían recibido tierras otorgadas por el gobierno. Entre enero y abril de 1998, COLABORA envió un equipo de tres investigadores con el fin de que ayudaran a esas comunidades a efectuar el análisis de los involucrados y la evaluación de los recursos, producir colaborativos y poner en práctica proyectos a corto plazo de manejo de la tierra. Los resultadosLas primeras metas del proceso de MCRN eran facilitar el intercambio de información y aumentar los conocimientos de la comunidad acerca de los orígenes de la situación actual. Mediante evaluaciones rurales participativas en las cinco comunidades que recibieron tie-rras conforme al decreto presidencial de mayo de 1997, COLABORA y el CONICHH pusieron a prueba supuestos y confrontaron prejuicios. Por ejemplo, una fuente importante de preocupación en la comunidad era la cantidad real de tierras distribuidas por el go-bierno; en consecuencia, COLABORA también contrató a un equipo técnico externo para que midiera las tierras asignadas. Los primeros procesos de MCRN ayudaron a aclarar malentendidos y reorientar la acción futura (Cuadro 4).
Una vez mitigadas las sospechas de los chortís y su desconfianza hacia el gobierno nacional, el CONICHH comenzó a concentrarse en ayudar a las comunidades a llegar a un consenso acerca del uso y el manejo de las tierras otorgadas. A causa de la escasa fertilidad de los suelos y el limitado potencial de producción, el CONICHH y las cinco comunidades rechazaron la opción de trasladar a familias de las comunidades que no recibieron tierras, o de permitir el acceso a familias foráneas. En cambio, prometieron ayudar a esas aldeas a obtener sus propias tierras. Además, decidieron que:
El CONICHH pidió al gobierno y las ONG locales asistencia agrícola y apoyo financiero que permitieran un manejo más productivo y sostenible de la tierra. Preocupados por la gran cantidad de organismos de desarrollo que afirmaban representar los intereses de los chortís, el CONICHH estableció normas para la colaboración. Definió que las ONG y los organismos gubernamentales que quisieran ayudar a la causa de los chortís y trabajar con las comunidades debían regirse por los cinco preceptos siguientes:
El CONICHH y Caritas organizaron talleres para representantes de las comunidades sobre cómo mejorar las comunicaciones entre los miembros de la comunidad y cómo aumentar la capacidad de organización. Los participantes revisaron las propuestas y escogieron, mediante el consenso, proyectos para las comunidades y las organizaciones que los realizarían. Posteriormente, el CONICHH estableció contratos, acuerdos con colaboradores y fechas para reuniones de evaluación. El CONICHH revisó las primeras actividades de MCRN y concluyó que los resultados eficaces eran:
Retos futuros y lecciones aprendidasLos retos veniderosA pesar de que el CONICHH y las comunidades participantes piensan que las contribucciones de COLABORA y, en particular, de Caritas han sido positivas, es evidente que los chortís apenas han comenzado a abordar sus necesidades. Once comunidades todavía no tienen tierras y a las que se han mostrado activas en su organización todavía se les niegan oportunidades de empleo. Los chortís aspiran a modificar una larga historia de dominio y violencia sociales y afrontan graves obstáculos institucionales, como las estructuras sociales, económicas y políticas muy tendenciosas. Evidentemente, aún están pendientes las tareas más importantes y difíciles. En el Cuadro 5 se sintetizan los planes inmediatos del CONICHH para el futuro. En primer término, los chortís tienen que involucrar en forma más completa a la gama de actores. En particular, el establecimiento de nuevas relaciones con los terratenientes y el fomento de su participación en los procesos de MCRN plantean nuevos retos.
Las lecciones aprendidasEn el nivel más básico, COLABORA considera el MCRN como un instrumento útil no sólo para mejorar el manejo de los recursos naturales sino también para generar acuerdos sociales sistémicos muy complejos. No hay un plan maestro para lograr un MCRN eficiente. Por su naturaleza, el manejo de los recursos naturales implica situaciones donde intervienen múltiples involucrados, caracterizados por diversas perspectivas, intereses y necesidades. El MCRN es necesariamente un proceso creativo que se basa en la enseñanza iterativa, adaptativa y en la acción, y abarca a una gran variedad siempre cambiante de individuos y organizaciones. El CONICHH y los chortís sólo han comenzado las actividades en este campo. No obstante, gracias a la investigación en Copán adquirimos valiosos conocimientos acerca de la mecánica del MCRN y, a partir de esa experiencia, obtuvimos algunas enseñanzas para nuestra labor futura que pueden ser útiles para otros investigadores. El elemento esencial del MCRN es la participación, no sólo la presencia de múltiples actores sino también el control compartido de la toma de decisiones y la formulación de políticas. Para quienes han trabajado en el desarrollo comunitario en áreas tales como la agricultura, la salud, la alfabetización y la organización, el MCRN puede ser simplemente un avance natural en esa preparación. Nos basamos mucho en la experiencia con métodos establecidos en la educación para adultos, la planificación y la solución de conflictos. En concordancia con los métodos de desarrollo de la población rural, usamos temas técnicos para llegar a problemas de carácter más social y abordamos cuestiones estructurales relativamente abrumadoras comenzando con las dificultades menores, más manejables, antes de atacar problemas cada vez más complejos. (Para explicaciones de los métodos de desa-rrollo generalmente usados, así como otros aspectos conceptuales pertinentes, véanse Korton [1980], Fisher y Ury [1981], Chambers [1983], Bunch [1985], Chambers et al. [1990], Freire [1990], Lee [1993] y Uphoff [1996]). Como la participación de COLABORA en Copán comenzó hace relativamente poco tiempo, surgieron las siguientes enseñanzas a partir de las etapas iniciales de MCRN, en particular la identificación de problemas, el análisis y la planificación. Fomentar la participacion y el Liderazgo locales
Abordar los desequilibrios de poder y vincular a los involucrados
Conocer los derechos jurídicos y las limitaciones del gobierno
Mediar en forma creativa, dinámica y local
ConclusionesLos desequilibrios de poder han marginado a los chortís de Copán y los han vuelto vulnerables a la explotación. Históricamente, esta situación ha llevado a la explotación no sustentable de los recursos y la concentración de la riqueza, lo que ha alterado las relaciones humanas y contribuido al menosprecio, la protesta y la violencia. Mediante el MCRN, COLABORA ayudó al CONICHH a mejorar las relaciones entre las comunidades chortís y a fortalecer la participación de sus miembros. Como resultado, los chortís comenzaron a abordar los problemas de mayor prioridad usando modelos de li-derazgo cada vez más centrados en la participación y la democracia, que contribuían a resultados más coherentes con las aspiraciones de los diversos grupos. Después de menos de un año de apoyo de COLABORA, el CONICHH y las comunidades chortís se unificaron más y pudieron cada vez más promover sus propios intereses. A pesar de los grandes avances realizados, aún queda por hacer la mayor parte de la tarea. Los chortís continúan siendo injustamente dominados y explotados y graves obstáculos económicos, políticos y sociales obstaculizan nuevos avances. Ahora que los chortís están mejor preparados para entrar en negociaciones con los sectores más poderosos de Copán, otros involucrados tal vez no acepten la autoridad y la neutralidad de COLABORA como fuerza mediadora. En consecuencia, la red no puede dormirse sobre sus laureles. COLABORA debe continuar la búsqueda de formas creativas de resolver los conflictos y hacer que las diversas partes lleguen a un consenso sobre cómo manejar mejor sus recursos y lograr el progreso de Copán y sus habitantes. COLABORA ha aprendido que las primeras etapas del MCRN — en especial los análisis rurales participativos y la capacitación en el manejo adecuado de los conflictos — pueden ayudar a las comunidades, los organismos gubernamentales, las ONG y otros actores a abordar problemas complejos y muy difíciles. Esta experiencia demuestra que los métodos innovadores para múltiples involucrados que tienen en cuenta el aprendizaje y la acción en colaboración, son muy apropiados para un cambio social que contribuya a un futuro más sustentable y socialmente equitativo. ReconocimientoCaritas y COLABORA agradecen a las numerosas personas que contribuyeron a las actividades en Copán. Gilberto Ríos, Sergio Larrea y Myriam Paredes constituyeron el equipo de documentación y facilitaron las visitas sobre el terreno y la investigación participativa con los líderes del CONICHH Antonio Ramírez, Jesús y Victoriano Pérez y Dionisio y José Rufino. Octavio Sánchez, coordinador de COLABORA, Reina López y Lesbi Valladares de Caritas, proporcionaron valiosa coordinación y apoyo logístico al equipo de documentación. Daniel Buckles y Gerret Rusnak, del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID), aportaron valiosos comentarios sobre versiones anteriores de este documento. El CIID patrocinó este proyecto. Agradecemos a Caritas, el Instituto Internacional de Cornell para la Alimentación, la Agricultura y el Desarrollo (CIIFAD), el Centro de Cornell para el Medio Ambiente y también a otros miembros de COLABORA por su continuo apoyo a los procesos de MCRN en Honduras. Los autores asumen toda la responsabilidad por cualquier error o interpretación equivocada que aparezcan en este documento. Referencias bibliográficasBunch, R. 1985. Two ears of corn: a guide to people-centered agricultural improvement. World Neighbors, Oklahoma City, OK, E.U.A. 268 pp. Chambers, R. 1983. Rural development: putting the last first. John Wiley & Sons, Nueva York, E.U.A. 246 pp. Chambers, R.; Pacey, A.; Thrupp, L.A. 1990. Farmer first: farmer innovation and agricultural research. Intermediate Technology Publications, Londres, Reino Unido. 219 pp. Freire, P. 1990. Pedagogy of the oppressed. Continuum Publishing, Nueva York, E.U.A. 186 pp. Fisher, R.; Ury, W. 1981. Getting to yes. Houghton Mifflin, MA, E.U.A. Herranz, A. 1996. Estado, sociedad y lenguaje. Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, Honduras. 532 pp. Korten, D.C. 1980. Community organisation and rural development: a learning process approach. Public Administration Review, 40(5), 480–511. Lee, K. 1993. Compass and gyroscope: integrating science and politics for the environment. Island Press, Washington, DC, E.U.A. 243 pp. Martínez, A. 1997. La fuerza de la sangre Chortí. Centro Editorial, Tegucigalpa, Honduras. 92 pp. Newsome, L. 1992. El costo de la conquista. Westview Press, Boulder, CO, E.U.A. 529 pp. Rivas, R. 1993. 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