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IntroducciónEste siglo habrá más gente, nuevos modelos climáticos y enormes cambios políticos ocurridos al emerger nuevos poderes industriales y económicos en este planeta. El desafío de asegurar que todos puedan comer bien y adecuadamente, sin la doble carga de la desnutrición o supernutrición, será considerable. No está claro el papel futuro de cientos de millones de agricultores pequeños y marginales para hacer frente a este desafío, y los sistemas agrarios mejor situados para hacerlo son objeto de disputas. Muchos factores afectan al sistema alimentario, desde los niveles locales a los globales –desde el cambio ambiental a la dirección de la innovación tecnológica, estructuras de mercado y disposiciones comerciales. Las reglas y las negociaciones en curso, discutidas en los anteriores capítulos, desempeñarán un papel cada vez mayor en el éxito o fracaso que podamos tener al afrontar las necesidades de todos de una forma sostenible. Este libro ha presentado una breve guía de estas negociaciones interconectadas, como vimos en el capítulo 7, para posibilitar que más gente tenga una mayor comprensión de lo que está ocurriendo, y así ser más capaces de participar en la elaboración de estas reglas globales y hacer el seguimiento del impacto que tienen. Las siguientes secciones tratan algunos temas importantes. Negociaciones globales – Un déficit democrático
Como vimos en los primeros capítulos, estas reglas no surgen de una interacción, relativamente equilibrada y representativa de intereses, sino de relaciones de negociación desiguales y a veces coercitivas en las que el fuerte vence al débil. La justicia de los procedimientos, que debería ser un ideal fundamental al negociar las reglas en torno a la seguridad alimentaria y la biodiversidad (ver Capítulo 9), no ha sido respetada por la mayor parte de ellos. En la OMPI, la OMC, el CDB o la FAO, los estados más fuertes están más capacitados para coordinar, participar, recurrir a la experiencia y oponerse a los países más débiles, luchando unos contra otros. Algo similar ocurre en los negocios entre las grandes compañías multinacionales y las pequeñas empresas, agricultores y consumidores. Dentro de los estados, los agricultores y grupos indígenas desconfían muchas veces, por varias razones, de que los gobiernos defiendan sus intereses, protegiendo los conocimientos tradicionales (CT) o los recursos genéticos, como las declaraciones y acciones de los grupos indígenas y de agricultores indican (ver Recuadros 5.4 y 8.4). Las negociaciones de Ginebra, Roma, Montreal o de otros sitios, discutidas en este libro, se apartan mucho de la realidad rural de los pequeños agricultores, pueblos indígenas, labradores sin tierras y habitantes de chabolas. Puede ser difícil para los negociadores entender y tener en cuenta las necesidades de esta gente cuando forman parte de una lucha global por el poder y por ventajas comerciales, y están más influenciados por las necesidades de las élites urbanas, empresariales y diplomáticas. La cuestión que se plantea es si los negociadores tienen demasiado poder y si las instituciones en las que operan son apropiadas para los retos a los que nos enfrentamos. Como muestran los preámbulos, declaraciones y objetivos relacionados con los diferentes acuerdos, el lenguaje agradable al oído de acabar con el hambre, los derechos de los agricultores y similares se pierden fácilmente en una realpolitik de ventajas e intereses que son negociados en diferentes foros y no llegan al fondo de la cuestión. El Acuerdo sobre los ADPIC, por ejemplo, representa un tipo de logro regulador global en el que solamente cuatro industrias principales elaboraron reglas globales para su propia conveniencia (Capítulo 3). Esto lo lograron en parte contando con estados fuertes que adoptan sus políticas, y en parte haciendo que dichos estados introduzcan la PI en las negociaciones comerciales que contemplan diferentes áreas, teniendo todas ellas que ser acordadas como un todo indivisible. Un tipo de poker comercial aparece entonces, muchas veces cuando se hacen concesiones comerciales en el último minuto y al más alto nivel, sobre cosas que no deberían ser concedidas pues son inadecuadas, y donde los beneficios que podrían obtenerse no irán a los que soportan los costos. En el caso de la PI, los beneficios son en gran parte especulativos (la capacidad futura de innovación de los países en desarrollo) y los costos mucho más inmediatos y tangibles (pagos de regalías y costos de licencias). Como observamos en el Capítulo 7 sobre conexiones, puede ser que los regímenes de la PI y comerciales deban estar sujetos a otros niveles mínimos globales en cuestiones como el respeto de los estados y de las compañías por los derechos del hombre, con un nivel similar de obligado cumplimiento respaldado por sanciones –que deberían ser también aplicables a los objetivos ambientales, sanitarios y alimentarios-, como ocurre con los objetivos comerciales y de la PI en la OMC. Otros elementos necesarios para equilibrar la globalización de los niveles mínimos globales son un antimonopolio más fuerte, una competencia leal y unas reglas justas para los usuarios, junto con estrictos regímenes de responsabilidad para los que introduzcan nuevas tecnologías que afectan a la biodiversidad, funciones ecológicas y bienestar ambiental. Complejidad y coacciónLos grandes actores emplean niveles más altos y varias formas de regulación empresarial para hacer más fáciles sus roles en el sistema alimentario, o más difícil la entrada a los pequeños competidores, desde el etiquetado de los productos nutritivos en las prácticas de producción hasta las marcas registradas. Hoy, las reglas más estrictas de la PI son consideradas por algunos como una forma de dejar a los países en desarrollo fuera de los métodos de desarrollo utilizados por los países más industrializados y ricos, o de ceñirlos a nuevas tecnologías, como los animales y plantas manipulados genéticamente y cultivos resistentes a pesticidas, que serán controladas por las grandes compañías. Igualmente, las reglas cada vez más complejas suelen favorecer a los países más fuertes y a las compañías más grandes. Existen serias preocupaciones de que los niveles más altos de la PI, así como los complejos regímenes de acceso y partcipación en losbeneficios, puedan perjudicar a los pequeños países y empresas, así como a los que trabajan en agricultura, donde los sistemas informales de innovación y mecanismos de intercambio sostienen las prácticas de innovación de la agricultura tradicional. Cuando los negociadores de los países débiles llegan a estar más informados y tienen más capacidad para defender sus intereses, pueden encontrarse frente a medidas coercitivas destinadas a hacerlos desistir. Por ejemplo, esto puede ocurrir a los negociadores que tienen una fuerte posición en el Consejo del Acuerdo sobre los ADPIC que no gusta a los países ricos. A algunos, sus superiores en las capitales les han dicho que retrocedan ante las presiones de las capitales de los países desarrollados sobre los ministros o presidentes de los países en desarrollo, sugiriendo que si no renuncian a las demandas de sus negociadores, las preferencias comerciales podrían verse afectadas. O también puede ocurrir esto en las negociaciones de libre comercio, en las que los niveles de la PI son elevados por el actor mayor sobre la base de “lo tomas o lo dejas”. El énfasis puede ponerse en las ganancias potenciales que se consigan a corto plazo de las concesiones comerciales, que pueden producir beneficios más inmediatos, aunque no necesariamente distribuidos equitativamente, que los costos a largo plazo, muchas veces indeterminados, impuestos por unos niveles más altos de la PI. Proponer algo distinto puede parecer ingenuo y poco realista. Sin embargo, para enfrentarse a los grandes problemas globales que tiene la humanidad, como la pobreza y la riqueza extremas, el cambio climático, las enfermedades que amenazan a la salud humana y animal, y la pérdida de biodiversidad, necesitamos nuevas formas de acción, desde los niveles globales a los locales, y no basadas en viejos enfoques de la diplomacia y de la negociación. Necesitamos una acción basada en la cooperación y en el intercambio de mejores prácticas para hacer frente a los retos, no una competencia que enfrenta a los pueblos y sociedades unos contra otros. Para ello, sobre la base de los resultados logrados hasta ahora, necesitamos replantearnos la forma en la que elaboramos las reglas globales y la naturaleza de los procesos de la negociación internacional. Garantizar la seguridad alimentaria requiere acción a nivel local y global, pero muchos de los enfoques actuales socavan y devalúan la enorme capacidad que existe para la innovación y la acción a nivel local, realizadas por los que tienen los conocimientos más profundos de la innovación en la que viven –los agricultores, pescadores y ganaderos que han gestionado y conservado la biodiversidad agraria. Futuros alternativosLas reglas que creamos determinan nuestro futuro y nuestros sistemas alimentarios futuros. Promueven o rechazan los diferentes tipos de roles de los pequeños agricultores y los diferentes enfoques de la biodiversidad y de la distribución de la riqueza y el poder. Lang y Heasman (2004) describen dos diferentes visiones de nuestro futuro alimentario. Sostienen que nos estamos alejando de un modelo proteccionista, que ha llevado a la industrialización de la producción de alimentos durante los 200 últimos años y a la producción cada vez mayor, para adecuarse al crecimiento de la población, a un conflicto entre dos diferentes enfoques pero con base científica. El primero, al que denominan el “paradigma integrado de las ciencias biológicas”, tiene “como centro una interpretación mecanicista y considera como un problema médico la salud humana y medioambiental”. Prevé un enfoque altamente tecnológico y controlado, con amplia aplicación y gran adaptación al futuro de los alimentos, con unidades de gran producción y sistemas profesionalizados de suministros de insumos y semillas al consumidor final. Este futuro es más de monocultivos, industrial, dominado por las empresas y dependiente de la PI. Pero ve poco futuro o ninguno para los pequeños agricultores o agricultores de semi-subsistencia, una opinión compartida por la OCDE: “El futuro a largo plazo de la mayoría de las familias con agricultura de semi-subsistencia está fuera de la agricultura” (OCDE, 2007). El rápido desplazamiento de estos agricultores y la emigración podrían causar enormes agitaciones sociales y políticas en países que tienen todavía grandes poblaciones agrícolas. El Banco Mundial está haciendo de nuevo hincapié en la necesidad de dar una prioridad mucho mayor a la inversión en agricultura para el desarrollo económico, después de un largo período de olvido (Banco Mundial, 2007). Aunque el interés por la agricultura es bien recibido, la conveniencia de las propuestas del Banco Mundial y sus efectos en los países pobres y en el planeta están siendo cuestionados por una serie de organizaciones de la sociedad civil (Actionaid, 2007; Murphy y Santarius, 2007; Oxfam, 2007). El segundo enfoque es el que Lang y He-asman llaman el “paradigma ecológicamente integrado”: “Su supuesto central reconoce mutuas dependencias, relaciones simbióticas y formas más sutiles de manipulación, y su objetivo es preservar la diversidad ecológica”. Este enfoque considera la biodiversidad y la diversidad en general cono un punto fuerte y dice que los humanos tienen que vivir dentro de las realidades ecológicas y trabajar con ellas, en vez de dominarlas e ignorarlas. Quiere continuar los milenios de trabajo experimental empírico realizado por los agricultores en diferentes ambientes que han llevado a una enorme gama de biodiversidad agraria, y promover la conexión entre productores y consumidores; favorece más a las microem-presas y a las de tamaño pequeño o mediano que a las multinacionales; y considera una jerarquía que va de lo local a lo global, donde lo local es lo primero. Promueve la agricultura ecológica, el control integrado de las plagas, insumos externos pequeños, sistemas abiertos de intercambio, agricultura para la biodiversidad basada en las granjas familiares, dietas sanas y mantener vivas las habilidades culinarias y agrícolas de la granja a la casa. Hay otras posibilidades. Una es el colapso, ya sea económico o físico, o un camino hacia un conflicto violento por los recursos o creencias (Diamond, 2005). Otra se basa en una intensa ingeniería genética, biología sintética, nanotecnología y las ideas de los movimientos transhumanos, que pretenden mejorar a los seres humanos mediante la ingeniería genética y el desarrollo tecnológico (Grupo ETC, 2007; Wollbring, 2007). Esto se suma al sueño positivista del siglo XIX de la dominación y control de la naturaleza y supone que los humanos pueden hacer lo que quieran, no tener limitaciones biológicas y poder enfrentarse a cualquier problema que ellos crean, incluso la destrucción de la biosfera. En última instancia, esta visión considera que los humanos –o al menos algunos de ellos, los ricos– están liberados de las limitaciones ecológicas y biológicas y que la agricultura es innecesaria. Eventualmente, los alimentos serán sintetizados de cualquier reserva alimentaria, por ejemplo produciendo proteínas en aparatos especiales y después centrifugándolas, texturizándolas y dándoles sabor para que tengan una apariencia de carne. Esto es todavía ciencia ficción, pero una ficción que algunos pretenden llevar a la realidad. Conservar la biodiversidad y desarrollar más enfoques tecnológicamente sanos, como los prevé el CDB y el Tratado, son parte de los intentos para evitar el colapso, mientras que la última visión, tecnológicamente triunfalista, no ve ninguna diferencia entre los sistemas ecológicos y otros sistemas, y trata todo como un recurso, capaz de ser poseído y patentable. El enfoque ecológico es la única visión del futuro que no está siendo facilitada ni promovida por la forma en que las reglas sobre PI se están desarrollando y están afectando a la dirección de I+D; sin embargo, probablemente es la única con mayor posibilidad de funcionar a largo plazo. En última instancia, existe una tensión básica entre la PI y la biodiversidad, que los que están a favor de las normas PI globales no quieren discutir. Los propietarios de la PI hacen todo lo que pueden (en términos de beneficios) si tienen productos o calidades globales (Winbdows, Viagra, Roundup, etc.) que están protegidos globalmente por los altos niveles de la PI. Sin embargo, la innovación en alimentación y agricultura hace todo lo que puede para hacer uso de una rica biodiversidad, una biodiversidad que depende de variables frágiles como los CT, los sistemas locales de agricultura y el libre intercambio de materiales. Al crear un sistema de derechos de la propiedad que premia la normalización y la homogeneidad, comprometemos casi con seguridad nuestros sistemas de biodiversidad. ¿De quién es la innovación?El actual régimen PI proporciona incentivos a la innovación por parte del sector privado en el sector formal, pero no facilita incentivos para la conservación sostenible y el uso de la biodiversidad por los agricultores –y por eso falla. Como sostiene Joseph Gari (2001, p. 23), de la FAO:
Los derechos privados de los innovadores, o de los que invierten en innovación objeto de protección por los DPI, tienen que ser equilibrados por el interés del bienestar público de toda la sociedad y del medio ambiente que puede verse afectado por estas innovaciones. Como se observa en un informe del Consejo Ético de la Alimentación (CEA, 2002), parece suponerse que la innovación es intrínsecamente buena, independientemente de lo que es o de dónde procede. ¿Pero es ése el caso? Para establecer una analogía –esto es como decir que conducir de A a B cada vez más deprisa es bueno en sí mismo, cuando en realidad la sociedad pone límites a la velocidad a la que se puede conducir, para reducir los riesgos a otros usuarios de la carretera y a los individuos, y hoy en día para reducir las emisiones de CO2. De igual forma sea quizá necesario protegerse contra una innovación realizada sin el debido cuidado y atención, una innovación temeraria, que incluso pueda causar muerte o daños. Esto puede ser de particular relevancia respecto a las comunidades tradicionales e indígenas, que pueden ser dañarlas o incluso destruirlas por innovaciones inadecuadas, que no las respetan ni a ellas ni a sus sistemas de innovación. Es necesario alentar y mantener los antiguos sistemas locales de innovación, como los métodos de selección varietal, fertilidad del suelo y gestión del riesgo, de muchas comunidades agrícolas, que son ignorados por el actual enfoque, y reconocer los conocimientos, habilidades y experiencias de las comunidades locales (Dutfield, 2006b; ver también Abraham, 2007). La mayoría de las discusiones sobre innovación se centra en la innovación tecnológica. Para los políticos nacionales, esto forma parte de un mantra relacionado con la ventaja competitiva nacional. Se habla de las reglas sobre PI sólo respecto de hasta qué punto ayudarán a respaldar esa ventaja competitiva, que es una razón por la que muchos países de la OCDE pretenden expandirlas. Sin embargo, lo que muchas discusiones de este libro sugieren es que las áreas en las que encontramos más retos exigen una innovación institucional, social y política para hacer las cosas de forma diferente en este mundo, en beneficio de los pobres y del medio ambiente, si queremos tener un sistema sostenible de los alimentos y garantizar la seguridad alimentaria desde el nivel global al familiar. Como vimos en el capítulo 8, la forma en la que se interpretan las reglas sobre PI no promueve los objetivos sostenibles, sino que más bien suelen centrar el I+D en enfoques más limitados. Esta atención a productos y procesos, que se pueden proteger por diferentes formas de PI, está sujeta a los intereses de las marcas registradas, se ajusta a los mercados y lo hace de forma que beneficia a los grandes actores, compañías y países. Estos ignoran la necesidad que tienen de I+D los sistemas públicos de innovación tradicionales, buenos y autóctonos, y parece poco probable que apoyen el enfoque ecológico de la alimentación y la agricultura, que es requerido en el CDB y más recientemente por la Comisión sobre recursos genéticos para la alimentación y la agricultura en la FAO (Capítulos 5 y 6). Afortunadamente, hay cierto reconocimiento de la gran importancia del sistema de PI y la necesidad de cambios dentro de la comunidad de la PI, como lo demuestra el proyecto de hipótesis de la Oficina Europea de Patentes (Recuadro 8.5). Observando cómo ha cambiado el sistema PI en el pasado, algunos sostienen que en el siglo XX los países industrializados llegaron a depender excesivamente de las patentes para premiar la innovación y que, con el crecimiento de la burocracia, el sistema de patentes se ha convertido en una empresa autosostenible que necesita cambiar (Recuadro 10.1). Sin embargo, necesitamos ir más allá del sistema PI para un cambio real, y buscar el desarrollo y el uso de incentivos y apoyos para la innovación que mejoren los medios de vida y el medio ambiente, sin la exclusión y el monopolio supuestos en la PI. Una de estas alternativas a la PI es el uso de premios a la innovación (Stiglitz, 2006).
Tratar la complejidadIndirectamente, todos dependemos de la agricultura, pero la mayoría de los pueblos más pobres del mundo de hoy vive todavía en zonas rurales y dependen directamente de la agricultura para su sustento. La agricultura es una actividad específica del lugar, que necesita diferentes enfoques en diversos ambientes, y los hábitos alimentarios son en parte expresiones culturales y sociales de relaciones y creencias. La tendencia de la agricultura industrializada ha sido hacia sistemas agrarios más lineales –que usan combustibles fósiles, fertilizantes, pesticidas, antibióticos y la mecanización como insumos que permiten enfoques más industriales de la agricultura-, dejando a un lado los conocimientos especializados locales, necesarios para gestionar las complejas ecologías locales (Weiss, 2007). Al mismo tiempo que se pretende simplificar los complejos requisitos ecológicos de la producción, el sistema alimentario ha desarrollado una complejidad cada vez mayor en el procesado y distribución. Existen cadenas de suministros cada vez más largas y complejas para los consumidores, que están divididas en cada vez más tipos. Además de esto están los regímenes legales, también de una gran complejidad, de los cuales los discutidos en el libro son quizá los más recientes. Pero esta compleja superestructura se apoya en una frágil base ecológica. Viendo cómo estas reglas variantes y cada vez más complejas afectan a la gente, las palabras clave que hay que considerar son: ¿quién soportará los riesgos y quién obtendrá el beneficio de los cambios, a quién se le conceden poderes y a quién se les quitan, qué capacidad para controlar es aumentada o reducida? Formulando estas preguntas se verán más claros los efectos de los cambios. Y hay que considerar estos efectos empleando varios parámetros. Una herramienta que ayuda a clarificar el impacto de los cambios tecnológicos, y que podría también ayudar a ver el impacto de estas reglas, es la matriz ética (Mepham, 2005). Ésta usa un cierto número de criterios éticos que la gente generalmente utiliza de una u otra forma cuando pondera lo que hace y examina cómo una acción, tecnología o política afecta a diferentes individuos, grupos, ambientes y animales. Los criterios empleados son cómo afecta al bienestar de dichos grupos y ambientes, cómo afecta a su autonomía o libertad de acción, y si es equitativo para los diferentes grupos o ambientes o favorece a unos más que a otros – es decir, qué impacto tiene en la justicia y equidad (Cuadro 10.1). Los cambios que promueven el bienestar de unos pocos, o de una compañía o industria, que limitan la autonomía o libertad de acción de otros (como los agricultores), o que crean injusticia para muchos, van a probablemente ser problemáticos. Podrían ser interesante, por ejemplo, que se considere cómo se están usando las reglas sobre PI para situar los derechos PI por encima de los derechos reales de la propiedad, como vimos en el caso de genes protegidos por patentes en la canola manipulada genéticamente en el juicio ante el tribunal de justicia canadiense, discutido en los capítulos 1 y 5. El enfoque para desarrollar nuevas tecnologías, o elaborar nuevas reglas, desde la perspectiva de un pequeño agricultor, de un consumidor, o de una biodiversidad, podría significar tratar de resolver diversos problemas de diferente forma a la que se podría adoptar al considerarlos desde un punto de vista de un científico, un abogado de la PI o un negociador comercial. Cuadro 10.1 Ejemplo generalizado de la matriz ética
ConclusiónAunque gran parte del debate público sobre el impacto de las reglas globales sobre la PI se ha centrado hasta ahora en el acceso a las medicinas, esto es probable vaya a cambiar cuando se haga más evidente su impacto en la biodiversidad y en el acceso a los alimentos, conocimientos y la dirección de la investigación y desarrollo. La seguridad alimentaria, como vimos brevemente en el Capítulo 1, es un tema complejo que requiere acción desde el nivel local al global (Recuadro 1.1). Aunque las definiciones varían y muchos adoptan ahora el término soberanía de los alimentos (Recuadros 1.7 y 8.2), nuestra necesidad de alimentos, en toda sociedad y en todo tiempo y lugar, pasado, presente y futuro, no cambiará. Los alimentos nos unen a todos y, aparte de proporcionarnos sustento, se utilizan de muchas formas en nuestras diferentes expresiones humanas de cultura, sistemas sociales y creencias religiosas. Las reglas globales discutidas en este libro tendrán un impacto significativo en nuestra futura alimentación y en quién la controla y con qué fines. La interacción entre la PI y la biodiversidad produce dos experimentos paralelos e inauditos. Uno introduce un conjunto de requisitos legales mínimos, más o menos globales, en la PI, independientemente de las circunstancias. Estas reglas, a su vez, alimentan el experimento biológico mayor y más rápido en el planeta con los alimentos que comemos y las materias primas que usamos, pues cualquier organismo vivo de valor comercial es probable que vuelva a ser diseñado por actores privados para fines privados. Sin embargo, el sistema PI no fue desarrollado para sistema biológicos, y su extensión global ha provocado una respuesta conservadora y proteccionista a un cambio tecnológico fundamental por parte de un conjunto de industrias, cuyos modelos empresariales pueden estar anticuados y fuera de moda, pero quieren retener y ampliar el control del sistema tal como existe hoy. Por otra parte, éste es un proceder sin responsabilidades compensatorias ni frenos para las firmas comerciales por medio de cosas como la competencia desleal y los regímenes de responsabilidad, además del fracaso público en la consideración de otros incentivos para la innovación biológica que se basen sistemas tradicionales o creen nuevos sistemas. Estamos jugando, pero no deberíamos hacerlo, una gran partida de poker con la sostenibilidad de la agricultura, de la que dependen todas nuestras vidas –directa o indirectamente. Sería irónico– y potencialmente trágico –si, justamente cuando otros sectores vuelven a considerar el valor de las fuentes públicas como medios informalmente interconectados (Benkler, 2006), la agricultura y la alimentación, que han sido la base de estos sistemas durante milenios, fueran en dirección contraria. Como con cualquier guía, se podría hablar mucho más sobre algunos de los temas brevemente tratados aquí. Pero también, como con cualquier guía, nuestro objetivo ha sido provocar interés e informar sobre algo que nos importa. Sin embargo, es un área donde globalmente no conseguimos enfrentarnos a las actuales necesidades de la humanidad, y estamos en peligro de no afrontar las necesidades futuras. También es un área muy compleja, con muchos y diferentes intereses. Este libro es una herramienta que esperamos que ayude a iniciar las discusiones y a formular las reglas sobre PI, biodiversidad y seguridad alimentaria con más fundamento, y conseguir mejores resultados para todos. |
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